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El Origen de los Seres Vivos

Dr. Ernesto Contreras

Basados en los hallazgos de los fósiles (la llamada explosión cámbrica), la Ley de la biogénesis (que toda vida procede de una vida preexistente) y el postulado de Wirchow (que toda célula procede de otra célula), muchos científicos tienen más que suficientes evidencias irrefutables para creer que todos los seres vivos extintos y presentes, aparecieron súbita y simultáneamente, completamente formados (adultos y maduros: primero la gallina y después el huevo), sin formas intermedias (“eslabones perdidos”) y que nunca ha habido la transformación o evolución de una especie en otra.

Tanto Moisés (1.500 a.C.) el estadista hebreo, como Aristóteles (384 a 322 a.C.), Carlos Linneo (1707 a 1778) y el anatomista francés Georges L. Cuvier (1769 a 1832) estuvieron de acuerdo con esta corriente de pensamiento llamado Fijista (especies inmutables). Sin embargo, desde hace unos 150 años, se enseña oficialmente que los organismos evolucionaron por la transformación accidental y gradual de una especie en otras.

Charles Darwin (1809 a 1882) en 1859 publicó su libro El Origen de las Especies en la que presenta la teoría de la evolución, o sea que en miles de millones de años, por cambios sucedidos al azar, una célula primitiva (el ancestro común) se transformó por evolución, y generó todas las especies de seres vivos extintos y actuales.

Aunque esta teoría se enseña en forma oficial en las escuelas, universidades y organizaciones científicas del mundo, al respecto, el profesor Ralph O. Muncaster, comenta lo siguiente:

“el hecho de que la mayoría de las personas acepten una idea, no la hace necesariamente verdadera y es irrelevante, pues la verdad científica nunca se determina por votación. Muchos en su tiempo creyeron que la Tierra era plana, que el Sol rotaba alrededor de la Tierra y que el flogisto era el elemento que causaba la combustión, pero todo eso, a su tiempo, se comprobó que era falso.”

Georges L. Leclerc, Conde de Buffón (1707 - 1788) 100 años antes de Darwin y 40 años antes de George Lyell, propuso el transformismo y puso como argumento la presencia de órganos inútiles (como los dedos laterales del cerdo) que según él estaban desapareciendo al transformarse una especie en otra.

Georges Lyell (1797 a 1875) enseñó el Uniformismo, o sea que los cambios experimentados por la Tierra, la naturaleza y las especies, obedecen lentamente a las mismas leyes presentes hasta hoy.

Según Darwin y otros evolucionistas como Hugo De Vries (1848 a 1935), el ADN de los seres vivos se ha ido incrementando, heredando a su descendencia mayor información genética que se ha traducido en nuevas características anatómicas y funcionales y la aparición de nuevas especies diferentes a la de sus progenitores, de tal manera que en forma lenta y progresiva, algunos descendientes pudieron llegar a ser plantas, otros, peces, anfibios, aves, reptiles, mamíferos y eventualmente, humanos. Todo por obra y gracia de la casualidad, a lo largo de miles de millones de años e infinidad de generaciones subsecuentes.

Según ellos, los principales factores que ocasionan los cambios son: Las constantes variaciones ocurridas en el medio ambiente y la capacidad según ellos infinita, de “adaptación biológica” de las especies (supervivencia del más apto). Pero como lo hizo G. Mendel antes, la genética moderna (ciencia que estudia la herencia) ha demostrado que hay un límite para la capacidad de variación en las especies. La mayoría de los cambios que se expresan en el fenotipo (aspecto exterior) de los seres vivos no son causados por la adición de nuevo material genético, sino por la expresión de genes “recesivos” ya presentes en el ADN de una especie y que sólo se manifiestan en circunstancias extraordinarias, las cuales si persisten por cruzamiento selectivo, ocasionan cambios permanentes. Por ejemplo: que una especie desarrolle pelo largo y espeso en climas helados.

Así es como casi siempre, aparece la llamada descendencia modificada o fortalecida que ha permitido desarrollar mejores variedades de cereales, razas más resistentes y productivas en el ganado, las aves y otros animales, y más de 200 razas puras de perros, pero nunca una nueva especie a partir de otra.

La ley de entropía (2ª ley de la termodinámica) dice que los cambios sucedidos al azar sobre algo que está ordenado, siempre lo transformarán en algo desordenado y deteriorado y nunca al revés, como lo que le sucede a un reloj que por accidente se cae al suelo desde un sexto piso. Así, las mutaciones sucedidas al azar, no ocasionan en los seres vivos mejores funciones, tejidos y órganos, sino, con muy contadas excepciones, trastornos en la función, crecimiento desordenado (cáncer) y hasta la muerte de las células mutantes. Las mutaciones accidentales en las células reproductoras humanas no ocasionan la aparición de superhombres, sino de descendientes enfermos y menos capaces (con deformidades, enfermedades o síndromes incapacitantes).

La sobrevivencia del más apto (adaptación biológica), solo evita la extinción de los individuos de una especie en un medio ambiente cambiante y hostil, cuando éstos logran cambios en su información genética que los hacen a ellos y sus descendientes, resistentes. Ejemplo de ellos son muchas bacterias, insectos y yerbas que por mutaciones, se han hecho resistentes a antibióticos, insecticidas y pesticidas. Pero nunca lo hacen evolucionando hacia otra especie. Aquí caben los ejemplos dados por Darwin de los pinzones de las Islas Galápagos que modificaron su pico y las polillas claras de Inglaterra que en la revolución industrial, cambiaron a oscuras, que aunque se usan como ejemplos de evolución, no lo son.

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