You are here

Romper la baraja en la partida Evolucionismo - Diseño Inteligente

Alejandro García, Doctor en Química (Dr. rer. nat.)

Introducción

El objetivo de este artículo es comentar una publicación de Juli Peretó, del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular e Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universidad de Valencia aparecida en la revista de la Sociedad Española de Biología Molecular (Peretó, 2004)1.

A través del mismo se expone el debate entre la Teoría de la Evolución (TE) y la Teoría del Diseño Inteligente (TDI). Asimismo se aborda la validez de excluir la TDI del debate por ser pretendidamente no-científica.

Lo primero que llama la atención de este artículo es la aspereza con que se expresa el autor en su crítica al diseño inteligente. La Teoría del Diseño Inteligente estaría asociada a "incultura", "impostura científica", "patraña", "burdo asalto a la ciencia", "estratagema", "extravagancia" y "visión oscurantista de la naturaleza", sus argumentos de una "debilidad alarmante" y los proponentes de la misma rebajados a "secuaces".

A lo largo del texto se llega incluso a la degradación personal y profesional de Michael Behe acusando a su perspectiva de ofrecer únicamente su "indolencia intelectual camuflada por su verborrea". Vale la pena por tanto analizar de qué manera se fundamentan estas acusaciones y preguntarnos el porqué de esta vehemencia.

El debate Evolucionismo - Diseño Inteligente. El problema de la complejidad irreducible.

La Teoría de la Evolución desarrollada por Darwin y otros afirma que todas las especies de organismos surgen y se desarrollan a través de la selección natural de pequeñas variaciones heredadas que incrementan la habilidad del individuo de competir, sobrevivir y reproducirse (The Free Dictionary).

El reto lanzado por Behe en su libro Darwin's Black Box (La Caja negra de Darwin) a la Teoría de la Evolución consiste en la existencia de sistemas bioquímicos que desafían la teoría de cambios graduales favorecidos por mecanismos de selección natural. La parte esencial del argumento de Behe es el concepto de complejidad irreducible (CI), el cual aplica a diversos sistemas bioquímicos. Un sistema posee la propiedad de complejidad irreducible cuando consiste de distintas partes integradas y además la ausencia de cualquiera de estas partes resulta en una pérdida total de funcionalidad.

Sistemas con complejidad irreducible se resisten a ser explicados por la Teoría de la Evolución. Para que el mecanismo de la selección natural pueda entrar en funcionamiento, en cada variación heredada el nuevo organismo ha de adquirir una ventaja competitiva. Sin embargo en el caso de los sistemas con complejidad irreducible esta ventaja no estará presente hasta que exista una nueva funcionalidad, y esto no será posible hasta que todas las piezas estén finalizadas y correctamente ensambladas.

Por ello la evolución de estos sistemas no puede dividirse en pequeñas modificaciones ventajosas para el organismo (Dembski, 2004). Según la Teoría del Diseño Inteligente la existencia de estos sistemas se explica de manera más plausible mediante la intervención de un agente inteligente.

La defensa presentada por Peretó a la Teoría de la Evolución es que si bien efectivamente existe una "falta de explicaciones detalladas sobre el origen y evolución de estructuras y funciones bioquímicas" y se reconoce una "limitada capacidad de predecir el pasado [sic]", sería sin embargo una "trampa epistemológica" el exigir "hasta el último detalle". De la misma forma sería absurdo tener que ofrecer una "explicación del origen de los Alpes centímetro a centímetro". A falta de respuestas evolutivas presentes habríamos de conformarnos con sólo "saber por qué no las tenemos aún".

Esta defensa de la Teoría de la Evolución ilustra el título del libro de Behe "La caja negra de Darwin. Los proponentes de la Teoría de la Evolución sustentan la misma mediante la clasificación de especies y sistemas biológicos, la cual presentan como evidencia de transiciones evolutivas entre ellos. Sin embargo, no se sienten obligados a dar detalles acerca del mecanismo de estas transiciones más allá de que ha de ser gradual y que cada paso ha de proveer de una ventaja competitiva al organismo.

El mecanismo queda entonces efectivamente convertido en una caja negra de la que se desconoce su contenido. Más aún, la carga de la prueba sobre la no plausibilidad de este mecanismo queda sobre las espaldas de quien cuestione la Teoría de la Evolución, tal y como expone Darwin en su "Origen de las especies" (Darwin, 1859):

Si se pudiese demostrar que existió un órgano complejo que no pudo haber sido formado por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas, mi teoría se destruiría por completo; pero no puedo encontrar ningún caso de esta clase.

Ante este reto, la Teoría del Diseño Inteligente plantea la implausibilidad de la evolución de sistemas con complejidad irreducible. Más allá plantea que la intervención de un agente inteligente tiene el poder causal necesario para explicar la existencia de estos sistemas.

El debate en torno a la complejidad irreducible de sistemas bioquímicos

El flagelo bacteriano se ha convertido de alguna manera en mascota de los proponentes del diseño inteligente. Compuesto de 40 partes que se auto-ensamblan en un auténtico motor de rotación la bioquímica y genética de estos sistemas ha revelado una complejidad no anticipada (Minnich, 2004).

A la hora de responder al desafío de la complejidad de el flagelo bacteriano la respuesta de Peretó es que "la genómica ambiental ha revelado que existen millones de flagelos diferentes" y que "la ciencia microbiológica se basa en una fracción insignificante de la biodiversidad".

Ante esto cabría preguntarse ¿Por qué habríamos de esperar a estudiar todos estos flagelos antes de considerar las objeciones planteadas a la evolución por la complejidad irreducible del flagelo de E.Coli?. La razón es que Peretó aspira a disponer de más flagelos descritos con detalle para así poder especular transiciones evolutivas o "narraciones históricas" entre ellos.

Sin embargo, aún si describiéramos con detalle todas las variaciones de flagelos reveladas por la genómica, nos encontraríamos con que todos los flagelos compartirían varios elementos indispensables (irreducibles) para su funcionamiento. Así que seguiríamos sin poder explicar cómo se han originado y ensamblado simultáneamente todos estos elementos en las diferentes versiones de flagelos.

Este hecho es advertido por Peretó, por lo que a continuación nos presenta "para desgracia de Behe y sus secuaces" los sistemas de secreción de tipo III (TTSS) presentes en Buchnera aphidicola. Estos sistemas tienen "componentes fundamentales de la maquinaria motora" del flagelo de E.Coli e ilustrarían "un esquema razonable de la evolución del flagelo".

Es notorio que Peretó reconoce por tanto que los sistemas con complejidad irreducible no se explican adecuadamente mediante un mecanismo evolutivo directo. Por ello ha de recurrir a un mecanismo evolutivo indirecto, o como veremos más adelante de "bricolaje". De esta forma el flagelo pudiera haber evolucionado de sistemas que previamente hubieran tenido otra funcionalidad.

Como evidencia para sustentar la plausibilidad de un camino evolutivo indirecto los sistemas de secreción TTSS presentan dos problemas:

En primer lugar, el TTSS es más tardío según el modelo evolutivo y por lo tanto habría de evolucionar a partir del flagelo bacteriano y no viceversa. La aparición de estos sistemas de secreción es por tanto según palabras del mismo Peretó evidencia en cualquier caso de una "evolución reductiva".

La evidencia mostrada por tanto no demuestra la emergencia de la complejidad a partir de la simplicidad postulada la Teoría de la Evolución y cuestionada por la Teoría del Diseño Inteligente, sino todo lo contrario. Más aún, la degradación de la información del genoma cuestiona aún más la Teoría de la Evolución (Sanford, 2005).

En segundo lugar, incluso si aceptáramos el TTSS como un precursor del flagelo nos encontraríamos con la dificultad de que existen alrededor de treinta proteínas que son únicas en el motor del flagelo y que no se encuentran en ningún otro organismo (Minnich, 2004). ¿De dónde habrían salido todas estas proteínas? Además, incluso si estas proteínas hubieran estado disponibles al mismo tiempo ¿cómo se habrían combinado por sí solas para construir el flagelo?

Y esto nos lleva al siguiente argumento citado por Peretó para apoyar un mecanismo evolutivo indirecto: el "bricolaje", según el cual "el oportunismo evolutivo echaría mano de lo que tiene a su disposición". Sin embargo este argumento pareciera más bien apoyar una inferencia de diseño, más que de evolución darwinista. Así, mientras que la evolución es un proceso ciego al que no guía un objetivo, el aficionado al bricolaje tiene por el contrario un objetivo y ha de usar su inteligencia para buscar los componentes necesarios, disponerlos en un orden y en un espacio apropiado libre de interferencias así como realizar las modificaciones necesarias para que las piezas encajen y que su construcción produzca la actividad deseada.

Por lo tanto, incluso si las proteínas necesarias para la construcción del flagelo hubieran estado disponibles en algún momento en la evolución de la vida, las piezas necesitarían ser ensambladas en la secuencia temporal correcta de manera parecida a como se monta un coche en una fábrica. Más aún, las bacterias actuales poseen un sistema elaborado de instrucciones genéticas así como de otras máquinas proteicas que regulan la expresión de estas instrucciones de ensamblaje para coreografiar el montaje del sistema flagelar. Sería necesario por tanto que esta información se generase en el genoma de la célula (Minnich, 2004).

Por último, se nos presenta como evidencia de que proteínas provenientes de otros sistemas pudieran efectivamente ser co-optadas y auto-organizarse para formar el flagelo el "pluriempleo", "ambigüedad por el sustrato" y "promiscuidad catalítica" de ciertas proteínas. Sin embargo no se nos cita que ninguna de estas proteínas tenga relación estructural o funcional alguna con las que forman el flagelo bacteriano.

En cualquier caso, este tipo de propiedades de ciertas proteínas no excluye que tengan una estructura especializada. En realidad, la complejidad de las proteínas es un reto para la evolución darwinista, ya que pequeñas perturbaciones en la cadena de aminoácidos de ciertas clases de proteínas destruyen toda su actividad biológica, por lo que no pueden haber evolucionado por procesos graduales (Tomkins, 2013).

Para finalizar el ataque a Michael Behe se cita su libro "The edge of evolution. The search for the limits of Darwinism". Es ilustrativo que el autor aún sin haber leído este trabajo y atendiendo únicamente a comentarios de otros no duda en calificarlo de "una nueva y peor tomadura de pelo". Destaquemos que según palabras de Peretó a Behe "lo desmiente la existencia de perros, coles y palomas buchonas".

Aquí el autor está equivocando interesadamente procesos distintos. Así la adaptación dentro de la especie que proporciona la diversidad de perros, coles y palomas no deja lugar a debate, ya que es un proceso observable (Catchpoole, 2001). No sucede lo mismo con la Teoría de la Evolución darwinista según la cual según palabras de Darwin en el último capítulo de su Origen: "todos los seres vivos que han vivido en la Tierra descienden de alguna forma primordial" (Darwin, 1859).

Resumiendo, la estrategia de Peretó para refutar los argumentos del diseño inteligente es postular posibles mecanismos indirectos darwinianos para la evolución del flagelo bacteriano. Sin embargo los mecanismos propuestos que apoyan las evidencias presentadas no soportan una consideración probabilística que los haga plausibles. Peretó se refiere entonces a futuros descubrimientos que harán más plausibles estos mecanismos.

El reto presentado por la Teoría del Diseño Inteligente presenta sin embargo tres partes:

En primer lugar siguiendo una argumentación lógica los sistemas de complejidad irreducible hacen implausible un mecanismo de evolución directa.

En segundo lugar, es un hecho empírico que no conocemos de ningún mecanismo evolutivo secundario que resista un análisis probabilístico. Por lo tanto no tenemos evidencias de un camino puramente material, que sea causalmente adecuado para la aparición de estos sistemas. Prometer que las evidencias vendrán en el futuro no es hasta el momento más que quererse hacer ilusiones.

En tercer lugar conocemos bien que la inteligencia humana es capaz de producir complejidad irreducible en las máquinas que produce. Por tanto la inteligencia es una causa que se adecua mejor a la existencia de complejidad irreducible. Por todo esto un diseño inteligente resulta una explicación científica mejor que un mecanismo darwiniano para la complejidad irreducible de sistemas bioquímicos.

El silenciamiento de la disidencia

Es notable que a pesar de que los argumentos de la TDI sean de "una debilidad alarmante" en la última parte del artículo Peretó aborda estrategias distintas a las basadas en evidencias experimentales para refutar la TDI.

En primer lugar Peretó asume que el debate entre teorías que compiten se puede resolver apropiadamente en los juzgados. Por ello nos cita una resolución de 1987 del Tribunal Supremo de Estados Unidos en la cual se "prohibió la enseñanza del creacionismo en las escuelas públicas". Más exactamente esta resolución de 1987 del Tribunal Supremo de Estados Unidos mantuvo la decisión de declarar inconstitucional una ley que prohibía la enseñanza de la evolución en Louisiana. Esta resolución sin embargo no fue unánime y en opinión del juez Scalia "el pueblo de Louisiana, incluyendo a los que son cristianos fundamentalistas, tienen todo el derecho, como cuestión secular, a que se presente en las escuelas cualquier prueba científica que pueda haber en contra de la evolución, así como el señor Scopes tenía derecho a presentar cualquier prueba que existiese en favor de ella" (Johnson, 1991).

También se nos presenta la sentencia del caso Dover según la cual se consideró "el carácter religioso y no científico del diseño inteligente". El argumento de esta sentencia judicial por tanto no se basa en pruebas forenses sino en consideraciones filosóficas llamadas de demarcación. Se trata por tanto no de evaluar evidencias científicas sino de si la TDI se trata o no de una ciencia. En esta misma línea asevera Peretó que la TDI como alternativa científica "exige una redefinición de las fronteras de la ciencia" y a "renunciar al método científico".

Estas aserciones de Peretó no están sin embargo exentas de dificultad. El problema de demarcación es considerado desde 1983 intratable filosóficamente e incluso los no-filósofos tampoco pueden ponerse de acuerdo en torno a una definición de ciencia (Hogan, 2010). Así que aunque el término ciencia sea controvertido, Peretó pretende usarlo aquí para excluir directamente la posición contraria sin haber de presentar razonamientos ni evidencias sino sólo apelando a una supuesta ortodoxia de demarcación metodológica. El término ciencia es usado pues con un propósito retórico, para silenciar una posición disidente más que para llevar a cabo un debate fructífero (Reed, 2011).

Siguiendo con esta estrategia de demarcación de lo científico y lo no científico apela Peretó a que "los científicos siempre han explorado las causas naturales de los fenómenos que estudian". Esta es realmente una simplificación ya que el científico realmente ha de actuar conforme a otras presuposiciones para poder hacer ciencia. La ciencia requiere no solo causas naturales, sino que la naturaleza pueda ser entendida, que el hombre pueda trascender la naturaleza y ser un observador de la misma, que la regularidad y la uniformidad sean válidas y que la verdad sea real. Ninguna de estas presuposiciones puede ser justificada por la ciencia por sí sola (Sarfati, 2009).

En concreto, es la confianza en la regularidad de la naturaleza la que motiva a explorar las causas naturales de los fenómenos y la que dio lugar a la expresión "naturalismo metodológico". Para Peretó "el naturalismo metodológico es el fundamento de todo nuestro conocimiento científico y de sus aplicaciones tecnológicas". Sin embargo como hemos visto el conocimiento científico depende de otras presuposiciones fundamentales y queda por demostrar que el naturalismo metodológico sea la asunción caracterizadora de la ciencia. El apelar a la utilidad de la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas no justifica tampoco esta asunción. Más aún deja sin contestar la cuestión de por qué la naturaleza se comporta de manera tan regular (Doyle, 2012).

Así que aunque Peretó sostenga que "la obsesión por mezclar religión y ciencia conlleva estas extravagancias", lo cierto es que la ciencia no es autónoma ni está completamente separada de la filosofía y la teología, tal y como lo veían pioneros de la ciencia como Isaac Newton (Reed, 2011).
El mismo Peretó no puede sustraerse a este hecho y curiosamente él mismo apela en su artículo a razones teológicas para sustentar la Teoría de la Evolución. Así "el creacionismo es una blasfemia" y Darwin hizo "un gran regalo a los creyentes" ya que así el Creador queda liberado "de todas las chapuzas e imperfecciones, de toda la crueldad que se observa en la naturaleza".

Dejando un lado lo impropio de proponer que el Creador necesite a Darwin como liberador, esta teología que hace culpable al Creador de la crueldad de la Naturaleza se gira en contra mismo de la Teoría de la Evolución. Con la misma argumentación teológica sería igualmente inconcebible y "blasfemo" que el Creador utilizara un mecanismo tan cruel y ciego y basado en la muerte, como el de la evolución para crear al hombre (Ham, 1987).

Según Peretó "el diseño inteligente no se puede separar de sus antepasados religiosos y creacionistas" y la Teoría del Diseño Inteligente es "una nueva incursión del vitalismo y la mitología". Como hemos visto antes la TDI únicamente postula que la aparición de ciertos sistemas y estructuras bioquímicas se explican mejor por la intervención de un agente inteligente. La TDI por tanto no se asocia con ninguna creencia religiosa particular y entre sus defensores se cuentan por ejemplo cristianos, judíos, musulmanes, hindúes y agnósticos. Sin embargo sin argumentar contra las evidencias y poder explicativo de la TDI, detractores como Peretó se permiten silenciarla mediante esta falacia de asociación.

De la misma manera Peretó comete otra falacia de asociación en el artículo con el fin de otorgar a la Teoría de la Evolución características positivas de las que no dispone. Peretó nos advierte que negar la Teoría de la Evolución supondría "el total hundimiento de las ciencias biológicas y de la medicina". En realidad, tal y como fue evaluado por un miembro de la prestigiosa National Academy of Sciences la Teoría de la Evolución es sorprendentemente irrelevante en cuanto a descubrimientos en Biología. Philip Skell relata que preguntó a más de 70 eminentes investigadores si habrían hecho su investigación de manera distinta si hubieran pensado que la teoría de Darwin era falsa. La respuesta de todos ellos fue la misma "No" (Skell, 2005).

Conclusiones

Los avances en Bioquímica han mostrado una complejidad en la célula inimaginable para Darwin hace más de 150 años desafiando la validez de su Teoría de la Evolución. La Teoría del Diseño Inteligente sin embargo no es criticada tanto por su falta de evidencias, argumentación o poder explicativo, sino por consideraciones de demarcación. Estas consideraciones resultan efectivamente en levantar muros al progreso del conocimiento silenciando el debate. La ciencia no es una disciplina autónoma de la filosofía y de la teología, lo que se evidencia claramente en el debate sobre los orígenes. Son las implicaciones de este debate las que explican el tono corrosivo de autores que pretenden objetividad y neutralidad científica, así como el que se defienda con tanta vehemencia una teoría estéril a la hora de generar nuevo conocimiento.

Bibliografía: 

Catchpoole, D. (2001). Speedy species surprise. Creation , 23 (2), 13 - 15.

Darwin, C. (1859). El origen de las especies por medio de la selección natural. (A. d. Zulueta, Trad.)

Dembski, W. A. (2004). Irreducible Complexity Revisited. PCID.

Doyle, S. (2012). Defining arguments away - the distorted language of secularism. Journal of Creation , 26 (2), 120-127.

Ham, K. (1987). The Lie. Green Forest: Master Books.

Hogan, T. (2010). Some implications of the demise of the demarcation problem. CRSQ , 46, 167-176.

Johnson, P. E. (1991). Darwin on Trial. InterVarsity Press.

Minnich, S. A. (2004). Genetic analysis of coordinate flagellar and type III regulatory circuits in pathogenic bacteria. SECOND INTERNATIONAL CONFERENCE ON DESIGN & NATURE. RHODES GREECE.

Peretó, J. (2004). El neocreacionismo del diseño inteligente. Entre la bioquímica obsoleta y la seudociencia. SEBBM (153).

Reed, J. K. (2011). Battlegrounds of Natural History: Naturalism. CRSQ , 48, 148-167.

Sanford, J. C. (2005). Genetic Entropy & The Mystery of the Genome . New York: Ivan Press.

Sarfati, J. (2009). Why does science work at all? Creation , 31 (3), 12-14.

Skell, P. (29 de August de 2005). Why Do We Invoke Darwin? The Scientist .

The Free Dictionary. (s.f.). Recuperado el Junio de 2014, de http://www.thefreedictionary.com/Darwinian+evolution

Tomkins, J. (2013). Engineered Protein 'Evolution' Proves Biological Complexity. Acts & Facts , 42 (3), 13-15.

Temas Relacionados: 

Theme by Danetsoft and Danang Probo Sayekti inspired by Maksimer