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  • ¿Dónde acaba el azar y surge la inteligencia?

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    Existe un planteamiento llamado principio antrópico que sugiere que las fuerzas del universo fueron calculadas con gran precisión para permitir la existencia del ser humano y del resto de los seres vivos sobre la Tierra.

    En efecto, cualquier mínima diferencia en el equilibro de tales fuerzas habría hecho del todo imposible la vida. Desde la peculiar estructura de los átomos que constituyen la materia del universo, con sus electrones cargados negativamente y sus neutrones ligeramente superiores en masa a los protones positivos, hasta la precisión de la órbita terrestre alrededor del Sol, situada a la distancia adecuada para que la temperatura en la Tierra permita la vida, todo induce a pensar que las leyes físicas fueron calibradas exquisitamente desde el principio, con el fin de permitir la existencia de la especie humana.

    El globo terráqueo tiene el tamaño justo, la temperatura idónea, la fuerza de la gravedad necesaria, el agua imprescindible y los elementos químicos adecuados para sustentar a todos los organismos y especialmente al ser humano. ¿Por qué? ¿Se debe todo ello al producto de una cadena de casualidades o al diseño de una mente inteligente? ¿Es el orden resultado del caos o de un plan determinado?

  • Inteligencia en el Cosmos

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    Una de las empresas más arduas del evolucionismo materialista ha sido siempre la de convencer a la sociedad de que las evidentes huellas de diseño que se aprecian en la naturaleza no son más que pura apariencia.

    Darwin fue el primero en afirmar tal paradoja y después de él han sido legión los cantores que se han apuntado a su coro del no-diseño. Una de las últimas voces en arribar a tal agrupación de divos, tararea lo siguiente:

    “La evolución biológica que nos ha conducido a ser como somos no es una obra de ingeniería intencional, sino el resultado inconsciente de factores aleatorios y fuerzas naturales. Sin embargo, la presión selectiva del ambiente ha conducido al desarrollo y pervivencia de numerosos rasgos adaptativos de los organismos, rasgos comparables funcionalmente a los que resultan del diseño consciente de los ingenieros”

    Mosterin, J. 2001, Ciencia viva. Reflexiones sobre la aventura intelectual de nuestro tiempo, Espasa, Madrid, p. 20

  • Ford no está en el motor… lo inventó

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    La acción inteligente dirigida a un fin determinado se hace evidente de muchas maneras en la naturaleza.

    Pongamos un pequeño ejemplo sacado de la psicología animal. Si se construye un complicado laberinto en el que sólo exista una única manera de salir, después de girar correctamente a derecha e izquierda más de cien veces sin cometer ninguna equivocación, y se coloca dentro un ratón blanco con el fin de comprobar cuánto tarda en conseguirlo, lo más probable es esperar que se equivoque muchas veces antes de lograr la salida.

    Sin embargo, ¿qué pensaría un investigador si el ratón se dirigiera veloz a la meta durante el primer intento y sin cometer ningún error? Pues, cabría creer que aquél ratón ya conocía de antemano el laberinto y había aprendido por donde pasar para salir pronto de él. Pero lo ilógico, sería pensar que sólo fue un golpe de suerte, una casualidad entre muchas posibles equivocaciones, ya que el ratón habría demostrado conocer bien el laberinto porque eligió acertadamente entre cientos de posibilidades en juego, sólo aquellas que le condujeron a la salida.

  • Diseño inteligente, ¿apariencia o realidad?

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    La biología experimentó durante el pasado siglo XX tres grandes revoluciones.

    La primera fue la revolución Darwiniana, que introdujo en la ciencia la creencia del origen único de todos los seres vivientes, incluido el propio hombre. Se empezó a aceptar que la complejidad y el aparente diseño de todo lo vivo se debía sólo a las leyes de la evolución que actuaron al azar sobre la materia simple y desordenada.

    La segunda revolución vino provocada por el descubrimiento del ADN como molécula poseedora de la información genética de los organismos.

    Y la tercera, que en mi opinión se opone a la primera, es la revolución que supone el descubrimiento de la universalidad del diseño genético de los animales.

    Hoy se ha hecho evidente que todos los habitantes de este planeta presentan un plan original escrito en sus genes, minuciosamente concebido para que sean como son y puedan sobrevivir en el medio que lo hacen o adaptarse a otro, si es que las condiciones lo requieren. Frente al azar propuesto por la primera revolución, se alza el diseño que viene de la mano de la tercera.

  • Evolución: la ciencia y sus límites

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    El mito del evolucionismo propuesto por Darwin se ha venido utilizando, durante todo el siglo XX, por los partidarios del materialismo puro para corroer la creencia en un Dios Creador.

    Muchos pensadores cristianos, como Pierre Teilhard de Chardin y otros, procuraron hacer frente a tal ataque conciliando la teoría transformista con la fe, abundando en la posibilidad de que la creación hubiera ocurrido mediante un proceso de evolución Darwinista dirigido por Dios.

    Se elaboró así una moderna cosmogonía evolucionista-teísta que suavizaba el relato bíblico, reduciéndolo a una especie de parábola constituida por verdades simbólicas que no debían interpretarse en sentido literal. De esta manera se pretendía que la Biblia no entrara en conflicto con los enunciados transformistas de la ciencia que, en aquella época, se consideraban verdaderos.

  • En busca del fósil perdido

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    La ciencia de la paleontología, cuya finalidad es el estudio de los fósiles, aporta evidencias realmente incómodas para la teoría de Darwin.

    Actualmente se conocen ya más de 250.000 especies de vegetales y animales petrificados. Pues bien, el análisis de los mismos rara vez refleja las numerosas formas de transición entre especies que deberían haber existido si el gradualismo Darwinista estuviera en lo cierto. Las especies fósiles no aparecen nunca en los estratos rocosos de manera gradual a partir de una transformación continua de sus antepasados en los estratos más profundos. Surgen siempre de golpe y ya perfectamente formadas. Esto suele ser la regla y no la excepción.

    No se han encontrado jamás los hipotéticos eslabones perdidos, que según el gradualismo, debieron existir entre invertebrados y vertebrados; o entre peces y anfibios; anfibios y reptiles; reptiles y mamíferos, etc.

    De ahí la extraordinaria importancia y la publicidad que se genera cuando es descubierto algún posible candidato, como los discutibles Archeopteryx y otros pretendidos fósiles intermedios.

    Tan manifiesto resulta este hecho que eminentes paleontólogos evolucionistas se vieron obligados en 1970 a elaborar una nueva teoría de la evolución que rechazaba los principales planteamientos del Darwinismo, la llamada teoría del Equilibrio Puntuado. Una nueva hipótesis que no necesitaba fósiles intermedios.

  • La Función de lo Inútil

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    Si las alas sirven habitualmente para volar, ¿Por qué las aves que nunca vuelan como avestruces, ñandús, emús y algunas otras las poseen? ¿De qué le sirven los ojos al topo? ¿Por qué algunas serpientes tienen cintura pélvica y restos óseos que recuerdan las patas traseras de otros animales?

    Estas y muchas otras cuestiones parecidas han hecho correr abundante tinta en el mundo de los naturalistas. En su libro El Origen de las Especies, Darwin escribió:

    “No hay mayor anomalía de la Naturaleza que la de un ave incapaz de volar; a pesar de ello, son varias las que se cuentan en ese caso.”

  • La Placenta es Antidarwinista

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    El órgano fundamental, que sirve para distinguir entre los principales grupos de mamíferos, es sin duda, la placenta. Pues bien, no es posible explicar la placenta mediante la teoría de la evolución. Veamos por qué.

    Su presencia o ausencia permitió a Linneo en el siglo XVIII clasificar por separado los mamíferos placentarios o Euterios de los marsupiales o Metaterios.

    Todos los mamíferos que como el canguro carecen de placenta, vienen al mundo en un estado realmente precario. Nacen muy pronto y por lo tanto, su cuerpo tiene reducidas dimensiones. Desde el orificio materno por donde han visto la luz deben trepar trabajosamente hasta la bolsa marsupial. La madre no suele ayudarles demasiado en este viaje. Si, accidentalmente llegaran a desviarse de su camino, ésta contemplaría impasible la escena, lamiéndose, a lo sumo, la piel de la región, para facilitar el ascenso, pero sin recoger al pequeño, si éste llegara a caerse. Los embriones que felizmente superan la prueba y consiguen alcanzar la enorme bolsa, son recompensados de inmediato. Una glándula mamaria con nutritiva leche les espera en el fondo del marsupio. En cuanto llega, el pequeño cangurito abre la boca desesperadamente y empieza a tragar el fluido vital. Allí permanecerá chupando hasta que esté en condiciones de sacar la cabeza de la bolsa y observar el mundo que le rodea.

  • Razones del corazón que la evolución no conoce

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    Una de las estructuras homólogas que suelen proponerse como pruebas de la evolución es el corazón de los vertebrados. Se trata de un órgano fundamental que aparentemente parece ilustrar bastante bien el pretendido desarrollo evolutivo del aparato circulatorio entre peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos a partir de un único antepasado.

    De nuevo Sir Gavin de Beer lo propone así:

    “En el corazón de los anfibios hay un solo ventrículo, mezclándose en él las corrientes sanguíneas venosa y arterial. El ventrículo de los reptiles, tiene un tabique incipiente e incompleto, que en los mamíferos es completo y separa las corrientes sanguíneas venosa y arterial, yendo la última al cerebro. He aquí un caso de cambio de estructura que muestra gradación dentro de la unidad de plan”

    (de Beer, Atlas de evolución, Barcelona, 1970). 

  • El Hombre ¿un mono con conciencia?

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    Ciertos primates como el chimpancé, gorila y orangután, cuando gracias al adiestramiento por parte de cuidadores humanos han sido motivados a desarrollar al máximo las capacidades de su sistema nervioso y su psiquismo, han revelado los siguientes comportamientos. Así como el resto de animales son capaces de sentir estímulos procedentes del mundo exterior, tales como frío, calor, luz, oscuridad, olor grato o desagradable, ruido o silencio, etc., pero no perciben realidades, sólo perciben estímulos.

    ¿Qué significa esto?

    El calor es para ellos lo térmicamente agradable o lo térmicamente molesto, pero son incapaces de ir más allá y pensar, por ejemplo, que “aquella cosa está quemando por ser caliente”. No pueden retener el concepto de calor y emplearlo para su beneficio como hace el hombre, ni concebir una idea de lo real, o convertirla en un símbolo, ni realizar proyectos, ni comunicar a los demás el nuevo invento que se ha logrado y además continuar perfeccionándolo mediante el apoyo o las ideas de otros. Todo esto son actividades exclusivamente humanas. Por eso el hombre tiene historia, a diferencia del mono, porque es capaz de concebir proyectos y llevarlos a cabo.

  • El Hombre desciende de Dios

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    El nombre que el ser humano ha dado a su propia especie, Homo sapiens, denota la inteligencia que caracteriza o debiera caracterizar el comportamiento del hombre. Es verdad que cuando nos comparamos con otros animales irracionales, sobre todo por lo que respecta a su conducta, cuidado de las crías, fidelidad a los congéneres, sentido común, etc., en ocasiones el calificativo de “sabio” parece más apropiado para alguno de ellos, que para ciertos individuos de la especie humana. No obstante, a pesar de tales consideraciones morales, es innegable que el hombre es cualitativamente diferente de todos los demás organismos que habitan este planeta.

    Pasaremos revista a los principales fósiles pertenecientes al género Homo y a las notables similitudes que presentan con el ser humano moderno.

  • «Homo erectus» ¿humano?

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    La paleontología evolucionista reconoce la especie Homo erectus, que significa “hombre que caminaba erguido,” como perteneciente ya a un verdadero ser humano que poseía su cultura propia. Desde que el médico holandés, Eugene Dubois, encontrara en 1892 su famoso Pitecanthropus erectus en Trinil (Java), se han venido descubriendo numerosos fósiles atribuidos a Homo erectus en Asia, Europa y África. La razón principal por la que se le considera más primitivo que Homo sapiens es su capacidad craneal y el prominente arco superciliar.

    El volumen de su cerebro oscilaba entre 800 y 1.250 centímetros cúbicos. Esto lo sitúa dentro del rango inferior del ser humano, cuya dispersión actual oscila entre los 700 y 2.200 c.c. No obstante, muchas personas que viven en la actualidad, como los pigmeos y otras etnias, poseen el mismo volumen craneal que Homo erectus.

  • No tenemos “abuelopitecus”

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    La postura erguida del ser humano requiere de una configuración anatómica muy especial que le hace notablemente diferente de los simios.

    Ningún otro animal conocido posee tales características. ¿Pudo la evolución realizar los cambios anatómicos necesarios para pasar del modo de caminar a cuatro patas, propio del mono, a la posición bípeda del hombre? Investigaciones en anatomía comparada que han empleado modelos de computadora han puesto de manifiesto que esto no es posible. Los australopitecos no fueron nuestros antepasados. 

     Los australopitecos o “monos del hemisferio austral”, así como los fósiles incluidos dentro de los géneros Paranthropus, Praeanthropus, Zinjanthropus, Paraustralopithecus y Kenyapithecus, fueron animales parecidos a los simios actuales.

  • ¿Primates o personas?

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    El evolucionismo nos ha enseñado a creer que en la remota antigüedad, allá por el período geológico del Pleistoceno, un reducido grupo de primates inició un proceso de humanización que culminó con la aparición del ser humano.

    Se dice que primero fue el bipedismo: cansados de caminar a cuatro patas, tales antropoides decidieron erguirse y andar como las personas. Sus manos quedaron así liberadas para fabricar toda clase de objetos útiles: hachas de sílex, flechas de hueso, pistolas y hasta telescopios espaciales como el Hubble.

    La cabeza les fue creciendo poco a poco porque sus cerebros ya no cabían dentro de la reducida cavidad craneal que tenían aquellos primitivos monos. Así habrían surgido, a lo largo de millones de años, el lenguaje a partir de los gruñidos, la inteligencia humana a partir del instinto e incluso la conciencia reflexiva como producto de la más pura animalidad.

  • Teoría de la evolución: imaginación y dogma

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    El 9 de agosto de 2007 el diario EL PAÍS recogía la noticia, publicada en la revista científica Nature, sobre el reciente descubrimiento de dos nuevos fósiles –un cráneo y un maxilar- procedentes del histórico lago Turkana en el noroeste de Kenya. El trabajo llevaba por título: "Nuevo revolcón en la historia de la evolución humana". Según dos hallazgos, el ´Homo habilis´ y el ´Homo erectus´ coexistieron en la misma época."

    La famosa saga de paleontólogos Leakey sigue encontrando fósiles polémicos, ya que si estas dos especies fueron contemporáneas, ello implica que Homo erectus no pudo haber surgido a partir de Homo habilis, como durante tantos años ha venido aceptando el estamento evolucionista, y otro mítico árbol de la evolución humana se viene abajo.

    A pesar de todo, a los estudiantes se les sigue enseñando hoy en casi todas las aulas del mundo la idea "científica" consistente en creer que primero fueron los australopitecos, después Homo habilis, luego Homo erectus y finalmente nosotros, el prolífico Homo sapiens. Pues bien, los especialistas en fósiles humanos (paleoantropólogos) ya sabían que esto no era así. El reciente descubrimiento se venía intuyendo en el seno de la comunidad científica desde hace años.

  • ¿Es dogmático el Diseño Inteligente?

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    El dogma, por definición, es la afirmación que se considera verdadera y que, por lo tanto, no puede ser negada ni puesta en duda por sus adeptos.

    Dogmas hay no sólo en las religiones sino también en casi todas las ideologías sociales, sistemas de pensamiento o incluso en el seno de la propia ciencia, como han reconocido tantos filósofos de la misma. Puede hablarse así, desde los dogmas del marxismo hasta los dogmas, fundamentos o puntos principales de una determinada ciencia.

    Frente al creciente debate entre evolucionismo y Diseño Inteligente (movimiento que tiende a confundirse erróneamente con el creacionismo norteamericano de la década de los sesenta) suele plantearse la cuestión, con relativa frecuencia, en términos confusos, cuando no claramente equivocados y tendenciosos.

  • Y Einstein señaló a Dios

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    Antes del siglo XX los científicos creían que la materia no podía ser creada ni tampoco destruida mediante procedimientos naturales. Se pensaba que ésta era susceptible de cambiar o de pasar de un estado a otro, pero nunca desaparecer o aparecer súbitamente. En base a ello se suponía que el cosmos debía ser eterno.

    Es decir, que poseía una edad infinita, sin principio ni fin. Tal idea contradecía obviamente la fe bíblica en un Dios que había creado el universo a partir de la nada y en un momento determinado. La ciencia impugnaba el acto creador inicial, en el que se fundamentaba casi todo el mensaje de la Biblia, porque sencillamente la materia del cosmos no se podía crear.

    Sin embargo, esta hipótesis acerca de la eternidad de la materia se vino abajo durante los años treinta del pasado siglo, cuando por primera vez se consiguió crear materia de forma artificial en el laboratorio.

  • E.T. y la exobiología

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    Un elevado número de biólogos cree que la vida es una rara excepción en un universo sin vida.

    Entre ellos, el evolucionista Ernst Mayr, piensa que el origen de la vida en la Tierra debió ser un evento aleatorio feliz y altamente improbable, casi un milagro. Sin embargo, muchos otros apuestan por la opinión contraria. Para éstos, la vida sería casi un imperativo cósmico, una ocurrencia frecuente en un firmamento palpitante de vitalidad. ¿Quién tiene razón?

    ¿Es la vida un milagro exclusivo del planeta azul o una norma omnipresente del universo? El dilema que plantean ambas hipótesis podría resolverse si se encontrase vida en otros lugares.

  • ¿Juega Dios a los dados?

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    Una de las frases famosas de Einstein dice que, por lo que respecta a la creación del mundo, Dios no juega a los dados. Aunque se refería al elemento aleatorio e impredecible de las leyes de la mecánica cuántica, lo cierto es que el padre de la teoría de la relatividad manifestó siempre su convicción de que existe una mente responsable de la evidente armonía matemática que muestra el universo.

    El motor de los acontecimientos del cosmos no es el azar, la casualidad o la autoorganización espontánea, como afirma el naturalismo, sino el diseño realizado por el organizador general. En su apreciación del orden cósmico y de la estética que poseen las leyes naturales, Einstein manifestó además:

    Yo deseo saber cómo creó Dios el mundo, no estoy interesado en éste o aquél fenómeno ni en el espectro de un determinado elemento químico. Lo que quiero conocer es Su pensamiento; lo demás es puro detalle.

  • Teoría del universo inflacionario

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    El término inflación en cosmología significa expansión acelerada y se denomina así por su parecido con el crecimiento cada vez más rápido que sufren los precios en determinadas épocas. Según la teoría del universo inflacionario, inmediatamente después de producirse el Big Bang, debió darse un breve período de expansión acelerada durante el cual el tamaño del universo primitivo aumentó en un factor enorme.

    En el intervalo de tiempo comprendido entre una cienmilésima de quintillonésima del primer segundo hasta una centésima de quintillonésima (de 10-35 segundos a 10-32 segundos) de existencia del universo, debió haber un crecimiento mucho más fuerte de la expansión. Una fase inflacionaria durante la cual la fuerza fuerte se separó de la débil y el universo se hizo plano y homogéneo. De esta manera, los cálculos de los astrónomos parecían resolver teóricamente grandes lagunas de la teoría primitiva.

  • El Universo a partir de la nada

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    La mayoría de los astrónomos y cosmólogos actuales han llegado a aceptar la hipótesis de que hubo una creación del universo. Esto se refleja bien en comentarios como los que realizó el famoso astrofísico norteamericano, Robert Jastrow, a finales de los setenta:

    “Vemos ahora que la evidencia astronómica lleva a una visión bíblica del mundo. Los detalles difieren, pero lo esencial de las exposiciones de la Biblia y la astronomía coinciden [...] Para el científico que ha vivido según su fe ante el poder de la razón, la historia acaba como un mal sueño. Ha escalado la montaña de la ignorancia; está a punto de conquistar el pico más alto; y cuando supera la roca final, es recibido por un grupo de teólogos que estaban allí sentados desde siglos”.

    Jastrow, R, 1978, God and the astronomers, Norton, New York. 

  • El Origen del Cosmos

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    La Biblia afirma que en el principio Dios creó los cielos y una tierra vacía que carecía de orden. El Génesis enseña que las tinieblas cubrían los abismos del planeta, mientras el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas primigenias, hasta que el Creador dijo: “Sea la luz”.

    La mayoría de los astrónomos actuales, sin embargo, hablan de la Gran Explosión de un misterioso átomo primitivo que lanzó al espacio toda la materia de los millones de estrellas que constituyen el universo.

    Vacío, oscuridad, abismo y Espíritu de Dios frente a superátomo primordial, Big Bang, expansión y radiación de fondo.

    De una parte, el magistral fresco de la creación de Miguel Ángel en el techo de la capilla Sixtina; de la otra, los documentales de la serie Cosmos para la pequeña pantalla, firmados por el popular Carl Sagan.

    ¿Es posible combinar ambas visiones en una sola o estamos condenados los creyentes a sufrir la esquizofrenia permanente entre nuestra fe y nuestro respeto a la racionalidad científica? ¿no queda más remedio que calificar de mito los once primeros capítulos del Génesis? ¿es realmente ciencia todo lo que lleva el sello del Big Bang?

  • Michael J. Behe y el Diseño Inteligente

    Antonio Cruz, Doctor en Biología

    El bioquímico norteamericano, Michael J. Behe, -profesor en la Universidad Lehigh de Pensilvania- publicó un libro en 1996 titulado, La caja negra de Darwin, (que fue traducido al español tres años después por la editorial Andrés Bello).

    En esta obra desarrolla el argumento de los llamados órganos o sistemas irreduciblemente complejos. Behe denomina así a determinadas estructuras y funciones fisiológicas de los seres vivos que suelen estar compuestas por varias piezas o etapas que interactúan entre sí, dependiendo unas de otras y contribuyendo entre todas a realizar una determinada función básica.

    Si se elimina una sola de tales piezas o etapas, el sistema deja automáticamente de funcionar.  El autor argumenta que un sistema así no se puede haber producido por evolución de lo simple a lo complejo, como propone el Darwinismo, porque cualquier precursor que careciera de una parte concreta sería del todo ineficaz. Por tanto, tales órganos o sistemas biológicos habrían tenido que originarse necesariamente como unidades integradas para poder funcionar de manera correcta desde el principio.

  • Luis Pasteur, científico creacionista

    Ramón Gómez, Graduado en Matemáticas y Teología

    El eminente científico francés Luis Pasteur realizó descubrimientos fundamentales en el campo de la química y la biología. Pasteur desarrolló entre otras vacunas contra la rabia y contra el ántrax. A él se debe la técnica conocida como pasteurización.

    Pasteur se vio envuelto en la polémica acerca del origen de la vida.

    En la segunda mitad del siglo XIX, Luis Pasteur realizó una serie de experimentos que probaron definitivamente que también los microbios se originaban a partir de otros microorganismos. Pasteur estudió de forma independiente el mismo fenómeno que Redi.

  • ¿Y qué tienen que ver las mariposas con Darwin?

    William Dembski, Doctor en Matemáticas y Filosofía.

    El libro de d’Abrera The Concise Atlas of Butterflies of the World [Atlas Conciso de las Mariposas del Mundo] es un libro muy hermoso, con las más asombrosas fotografías de mariposas que jamás haya visto.

    Aunque no ha sido pensado como libro de mesa de té, podría desde luego servir para ello. El mismo d’Abrera es un experto en mariposas y polillas del Museo Británico de Historia Natural en Londres, y célebre en todo el mundo. A lo largo de los años ha producido obras de referencia acerca de los lepidópteros de diversas regiones del mundo.

    Este libro constituye una sinopsis de toda su vida de trabajo. Aunque este libro es en diversas formas una obra estándar de taxonomía, con numerosas planchas y catálogos, las primeras cien páginas son muy diferentes de lo que uno espera encontrar en un atlas taxonómico típico. Desde luego, estas páginas dan un material introductorio general. Así, se regala a los lectores con una descripción del ciclo vital, de los hábitos y de las peculiaridades de las mariposas.

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