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Astronomía

¿Por qué los evolucionistas hablan de la evolución del Universo? Porque para ellos la evolución no sólo trata de cómo ciertas criaturas simiescas se convirtieron en seres humanos. La evolución se ha convertido en una filosofía que trata de explicar el origen de todo, sin Dios.

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Hechos y Prejuicios

Los evolucionistas que plantean un enfrentamiento entre opiniones religiosas creacionistas y hechos evolutivos científicos falsean la realidad. Los creacionistas frecuentemente apelan a los hechos de la ciencia y los evolucionistas frecuentemente apelan a sus presupuestos filosóficos.

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Variación no implica evolución

Los Darwinistas suelen llamar “evolución” a cualquier cambio observado en un organismo. De esa forma pueden afirmar que la evolución tiene lugar en la actualidad. Pero seamos sinceros: ¿pueden estos cambios transformar una bacteria en un bacteriólogo?.

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El Origen de las Razas Humanas

Una raza humana se define como un grupo de personas con ciertas características hereditarias comunes que las distinguen de otros grupos de personas.

Todos los hombres de cualquier raza están actualmente clasificados por los antropólogos o los biólogos como pertenecientes a una especie, el Homo sapiens. Dicho de otra forma: las diferencias entre las razas humanas no son grandes, aunque puedan parecerlo, por ejemplo, la diferencia de la piel blanca y la piel negra. Todas las razas humanas del mundo pueden cruzarse porque tienen mucho en común.

La mayoría de los antropólogos reconocen 3 ó 4 razas básicas del hombre en la actualidad. Estas razas pueden subdividirse en un máximo de 30 subgrupos.

(El Aborigen australiano o Australoide, es a veces considerado como un subgrupo del caucásico, ya que tiene muchas características en común con este grupo a pesar de su piel oscura. El indio americano por lo general se clasifica con la división mongoloide).

El color de las plumas es un costoso «diseño de sistema complejo»

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

Los brillantes y centellantes colores en las plumas del pecho del ave del paraíso han fascinado durante mucho tiempo a los ornitólogos. Alfred Russell Wallace fue quizá el primer inglés en ver esta magnífica ave en sus hábitats nativos de Malasia, y escribió: «la riqueza de su lustroso color naranja y la exquisita delicadeza de las plumas sueltas ondulantes eran insuperables».1

Ahora, con el uso de los microscopios electrónicos, los científicos están comenzando a comprender cómo las plumas pueden emitir unos colores tan intensos. Sabemos ahora que estos colores no son producidos por pigmentos, sino por patrones geométricos organizados, conocidos como cristales fotónicos, que dan el fenómeno del «color estructural» mediante refracción en lugar de color de pigmentación mediante reflexión. Según Pete Vukusic [Universidad de Exeter] en Current Biology,2 la estructura es más compleja de lo que se creía:

El desafío colectivista al darwinismo

David Tyler

Al gran público se le lleva a creer que Charles Darwin resolvió de forma magnífica los problemas asociados con la emergencia de la complejidad biológica. Muchos formadores de opinión escriben confiados en la revolución desencadenada por la publicación de El Origen de las Especies en 1859. Estas personas han desarrollado una posición de «consenso» que usan para convencer a las sociedades científicas, a los legisladores, a las instancias de financiación y a los estamentos educativos que cualquier dilución del darwinismo es un paso atrás, y que haría retroceder la ciencia a la Edad Media. Entonces, ¿qué deberían ellos —y nosotros— pensar sobre un ensayo en Nature Physics que habla acerca de romper con «muchas de las presuposiciones del pensamiento evolucionista tradicional» y que hace resaltar su mensaje con estas palabras?:

Hay una revolución en ciernes que puede llegar a destronar la evolución darwinista como el proceso explicativo clave en biología.

Memorable:

  • La inferencia del diseño de William Paley

    “[...] cuando inspeccionamos el reloj, percibimos [...] que sus diversas partes están enmarcadas y unidas con un propósito, es decir, que fueron formadas y ajustadas para producir movimiento, y que ese movimiento se regula para indicar la hora del día; que si las diferentes partes hubieran tenido una forma diferente de la que tienen, o hubieran sido colocadas de otro modo o en otro orden, ningún movimiento se habría realizado en esa máquina, o ninguno que respondiera al uso que ahora tiene. [...] Observando este mecanismo, se requiere un examen del instrumento, y quizás un conocimiento previo del tema, para percibirlo y entenderlo; pero una vez observado y comprendido, como decíamos, es inevitable la inferencia de que el reloj debe tener un creador, que tiene que haber existido, en algún momento y lugar, un artífice o artífices que lo formaron para el propósito que actualmente sirve, que comprendió su construcción y diseñó su uso”

    William Paley, Teología Natural, 1802

    Paley concluyó de este razonamiento que, de la misma manera, los seres vivos que pueblan la Tierra son altamente complejos y, por tanto, demandan la existencia de un Creador que los haya planificado

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