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ADN

Evolución: Los Genes dicen "No"

Antonio Cruz, Doctor en Biología

El transformismo ha defendido siempre la idea de que el cerebro humano no es más que otro resultado de la evolución.

El alma del hombre no sería la cima perfecta de la Creación, sino sólo una desviación evolutiva poco perfecta del estúpido cerebro de un mono.

Sampedro lo expresa así:

“la inteligencia humana nos puede parecer cualitativamente distinta de la de cualquier otro animal, pero nada impide tratarla biológicamente como el último eslabón de un continuo histórico. La razón del salto cualitativo que apreciamos hoy entre los humanos y los monos es, simplemente, que las formas intermedias de la evolución del cerebro se han extinguido.”

(Sampedro, Deconstruyendo a Darwin, 2002: 161)

El Truco Darwinista de los Genes Saltarines

Antonio Cruz, Doctor en Biología

En los genomas (o conjunto de genes) de los seres humanos así como también en los de determinadas especies de monos se han encontrado elementos genéticos móviles.

¿Qué son estos elementos genéticos móviles?

Pues pequeños trozos de material genético (ADN) capaces de transferirse de manera horizontal desde un cromosoma a otro del mismo individuo, desde un organismo a otro de la misma especie o incluso desde una especie a otra completamente diferente. Estos singulares genes saltarines pueden realizar sus acrobacias por medio de distintos mecanismos que se conocen en biología mediante los términos de conjugación, transformación, infección viral, transducción y transposición.

¿En qué sentido pueden los elementos móviles ser relevantes para el tema del origen de los seres vivos, y en particular del ser humano?

El evolucionismo afirma que si en dos genomas de especies distintas, como puede ser el del hombre y el de cualquier simio, aparecen tales inserciones de genes víricos saltarines en posiciones equivalentes, esto sería una evidencia clara de que ambas especies descienden de un antepasado común, un hipotético simio ancestral que habría sufrido la inserción vírica y la habría traspasado a todos sus descendientes. Entre ellos, el propio ser humano.

El cromosoma 2 — ¿prueba de descendencia común?

Jonathan M.

 Recientemente adquirí y leí el libro relativamente reciente de Daniel Fairbanks (febrero de 2010), Relics of Eden — The Powerful Evidence of Evolution in Human DNA. [Reliquias del Edén — la contundente prueba de evolución en el ADN humano].

Hubo un tiempo en que yo mismo me hubiera sentido convencido por muchos de los argumentos en favor de la descendencia común que se articulan en este libro. Siempre me he sentido escéptico, en gran medida, acerca de la proposición de la eficacia causal sin límites que se atribuye a menudo de forma tan despreocupada a la síntesis neodarwinista. Pero hubo un tiempo en que hubiera favorecido con energía un paradigma consistente con una descendencia común.

Pero más recientemente he estado ahondando en la literatura científica, y esto me ha dado razón para precaverme contra estas formas de argumentación, por convincentes que puedan parecer inicialmente a los que no conocen la materia. Como suele ser el caso de muchos escritores populares sobre ciencia, Fairbanks escribe de forma atractiva, y es un comunicador sumamente efectivo para los lectores no especialistas.

La similitud del ADN humano/chimpancé se desvanece al contar con los indeles

C. Warren Nelson

 Convencionalmente se sostiene que los humanos  y los chimpancés nos diferenciamos muy poco en nuestro ADN.  Sin embargo, hay nuevas pruebas que sugieren que las diferencias podrían ser mucho más drásticas. Las mutaciones que causan inserciones y supresiones en el ADN son las que producen la diferencia genética entre las dos especies, pero éstas normalmente no se incluyen en las estimaciones de la diversidad. 

Además, hay zonas con grandes similitudes que se ven a menudo afectadas por restricciones selectivas. Cada vez se encuentran más funciones para el llamado ADN “basura” lo que indica que las similitudes en este tipo de ADN no son necesariamente la consecuencia de una ascendencia común.

Futuras investigaciones ayudarán a comprender estos datos tan importantes en el debate sobre los orígenes.

El Naufragio de las Investigaciones sobre el Origen de la Vida

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

    Ha visto la luz en Scientific American un importante estudio acerca de la situación de la investigación acerca del origen de la vida. Robert Shapiro, un experto y galardonado químico, investigador oncológico, profesor emérito y autor de libros acerca de este campo, desmitifica el experimento de Miller, el Mundo del ARN y otros experimentos populares como callejones sin salida irreales. Al describir el fantasioso pensamiento de algunos investigadores, decía:

«En una forma de vitalismo molecular, algunos científicos han dado por supuesto que la naturaleza tiene una tendencia innata a producir de manera preferente los componentes de la vida en lugar de las huestes de otras moléculas que pueden también surgir de las reglas de la química orgánica».

Los Misterios del Gen

Antonio Cruz, Doctor en Biología

A mediados del siglo XX, parecía que la genética podía resolver todos los problemas planteados por la teoría de la evolución de las especies, pero después de muchos años de investigación, se ha visto que esto no ha sido así. Hay una pregunta fundamental en genética. ¿Están escritos en el genoma todos los planos del organismo? La mayoría de la gente suele creer que sí.

Sin embargo, esto es algo absolutamente imposible. La memoria del genoma, a pesar de su gran tamaño, no alcanza ni para contener un plano detallado de las 10 elevado a 14 conexiones que hay en las sinapsis o uniones entre células nerviosas del cerebro humano.

El genoma contiene la forma de construir muchas proteínas complejas, los tipos de ARN y el propio ADN, pero esto no es suficiente para fabricar todo un elefante o un ser humano. Además del ADN que constituye los genes del genoma, se requiere también de la ayuda que aporta la célula que ha de ser capaz de traducir toda la información que éste contiene.

Por tanto, las interrelaciones entre la información del ADN y los estímulos químicos de la célula, deben ser sumamente importantes ya que condicionan todo el desarrollo de los seres vivos. Esto es todavía mucho más maravilloso y complejo de lo que se esperaba.

El mito del «ADN basura», en retirada

Jonathan Wells, Doctor en Biología Molecular y Celular

La teoría de Charles Darwin de 1859 de que todos los seres vivos descienden de uno o unos pocos antecesores comunes, modificados por procesos carentes de conducción como la selección natural, no llegó a su actual prominencia hasta que se suplementó con la teoría de la herencia de Gregor Mendel después de 1900. Para la década de 1940, los científicos habían identificado el ADN como el portador de los factores hereditarios de Mendel.

Cuando James Watson y Francis Crick resolvieron la estructura del ADN en 1953, Crick formuló el «dogma central» de la biología molecular, que con frecuencia se expresa así: «El ADN hace ARN que hace proteína que nos hace a nosotros». Esto implica que las mutaciones en el ADN codificante de proteína proporcionan la materia prima de la evolución. Pero en la década de 1960 los biólogos descubrieron que alrededor del 98% de nuestro ADN no codifica proteínas. Algunos —incluyendo a Crick— designaron como «basura» al ADN no codificante, y lo atribuyeron a la acumulación de accidentes moleculares a lo largo de la evolución.

Descifrando el dogma de la similitud del ADN

Daniel Anderson (pseudónimo)

En octubre de 2006 de la revista Time planteaba una pregunta crucial en relación con los chimpancés y los seres humanos: ¿Qué nos hace diferentes?1

El colectivo evolucionista comúnmente esgrime que existe un 98-99% de similitud entre el ADN de los humanos y el de los chimpancés, como prueba irrefutable de un antepasado común reciente. Este aparentemente alto porcentaje de similitud genética ha servido para reforzar la fe popular en la evolución de Darwin y para poner a los creacionistas a la defensiva. Los creacionistas bíblicos y los teóricos del Diseño Inteligente sostienen que esta similitud, se debe a un diseño común.

Este argumento parte de una analogía: podemos observar que los diseñadores humanos utilizan patrones de diseño comunes para crear las tecnologías que requieren características de diseño similares, pero obteniendo distintas identidades y funciones.

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