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Diseño Inteligente

El dios tapa-agujeros

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Se acusa al movimiento científico del diseño inteligente (DI) de usar explicaciones extraordinarias allí donde las simples explicaciones ordinarias funcionarían. Es decir, de recurrir al "dios tapa-agujeros" o de apelar a lo sobrenatural para explicar fenómenos que las causas naturales por sí solas podrían perfectamente esclarecer.

Además, se dice que lo que pretende el DI en realidad es probar científicamente la existencia de Dios y que esto siempre ha hecho mucho daño a la fe, pues ha terminado en fracaso. Por tanto, lo mejor sería, según los opositores del DI, seguir siendo fieles al naturalismo metodológico que, al fin y al cabo, es el método que mejores resultados ha dado hasta ahora.

Es evidente que los avances tecnológicos logrados por el ser humano, así como el desvelamiento de muchos misterios del mundo natural, se deben al popular método científico. Esto nadie lo pone en duda. Sin embargo, la cuestión fundamental es la siguiente: ¿Puede dicho método, basado en la concepción naturalista de que la naturaleza se ha creado a sí misma, dar respuesta a todas las preguntas?

Increíbles Complementos

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Otro misterio de la naturaleza que resulta difícil de explicar desde el Darwinismo es el curioso fenómeno por el que dos especies tan diferentes como una planta y un insecto, por ejemplo, están tan complementadas entre sí que les resulta imposible subsistir la una sin la otra.

Muchos de estos vegetales cuya polinización es realizada por insectos, presentan flores con colores llamativos y con formas adecuadas para atraer y facilitar la labor de sus alados visitantes. Al mismo tiempo, éstos poseen órganos sensoriales que facilitan la localización de las flores y bocas capaces de extraer el preciado néctar de la mejor manera posible.

A tal relación simbiótica, en la que ambos organismos salen beneficiados, el Darwinismo la ha denominado coevolución y la ha interpretado como la evolución simultánea y complementaria de dos especies diferentes, causada por la presión de selección que una de dichas especies ha ejercido sobre la otra.

¿Dónde acaba el azar y surge la inteligencia?

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Existe un planteamiento llamado principio antrópico que sugiere que las fuerzas del universo fueron calculadas con gran precisión para permitir la existencia del ser humano y del resto de los seres vivos sobre la Tierra.

En efecto, cualquier mínima diferencia en el equilibro de tales fuerzas habría hecho del todo imposible la vida. Desde la peculiar estructura de los átomos que constituyen la materia del universo, con sus electrones cargados negativamente y sus neutrones ligeramente superiores en masa a los protones positivos, hasta la precisión de la órbita terrestre alrededor del Sol, situada a la distancia adecuada para que la temperatura en la Tierra permita la vida, todo induce a pensar que las leyes físicas fueron calibradas exquisitamente desde el principio, con el fin de permitir la existencia de la especie humana.

El globo terráqueo tiene el tamaño justo, la temperatura idónea, la fuerza de la gravedad necesaria, el agua imprescindible y los elementos químicos adecuados para sustentar a todos los organismos y especialmente al ser humano. ¿Por qué? ¿Se debe todo ello al producto de una cadena de casualidades o al diseño de una mente inteligente? ¿Es el orden resultado del caos o de un plan determinado?

Inteligencia en el Cosmos

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Una de las empresas más arduas del evolucionismo materialista ha sido siempre la de convencer a la sociedad de que las evidentes huellas de diseño que se aprecian en la naturaleza no son más que pura apariencia.

Darwin fue el primero en afirmar tal paradoja y después de él han sido legión los cantores que se han apuntado a su coro del no-diseño. Una de las últimas voces en arribar a tal agrupación de divos, tararea lo siguiente:

“La evolución biológica que nos ha conducido a ser como somos no es una obra de ingeniería intencional, sino el resultado inconsciente de factores aleatorios y fuerzas naturales. Sin embargo, la presión selectiva del ambiente ha conducido al desarrollo y pervivencia de numerosos rasgos adaptativos de los organismos, rasgos comparables funcionalmente a los que resultan del diseño consciente de los ingenieros”

Mosterin, J. 2001, Ciencia viva. Reflexiones sobre la aventura intelectual de nuestro tiempo, Espasa, Madrid, p. 20

Ford no está en el motor… lo inventó

Antonio Cruz, Doctor en Biología

La acción inteligente dirigida a un fin determinado se hace evidente de muchas maneras en la naturaleza.

Pongamos un pequeño ejemplo sacado de la psicología animal. Si se construye un complicado laberinto en el que sólo exista una única manera de salir, después de girar correctamente a derecha e izquierda más de cien veces sin cometer ninguna equivocación, y se coloca dentro un ratón blanco con el fin de comprobar cuánto tarda en conseguirlo, lo más probable es esperar que se equivoque muchas veces antes de lograr la salida.

Sin embargo, ¿qué pensaría un investigador si el ratón se dirigiera veloz a la meta durante el primer intento y sin cometer ningún error? Pues, cabría creer que aquél ratón ya conocía de antemano el laberinto y había aprendido por donde pasar para salir pronto de él. Pero lo ilógico, sería pensar que sólo fue un golpe de suerte, una casualidad entre muchas posibles equivocaciones, ya que el ratón habría demostrado conocer bien el laberinto porque eligió acertadamente entre cientos de posibilidades en juego, sólo aquellas que le condujeron a la salida.

Diseño inteligente, ¿apariencia o realidad?

Antonio Cruz, Doctor en Biología

La biología experimentó durante el pasado siglo XX tres grandes revoluciones.

La primera fue la revolución Darwiniana, que introdujo en la ciencia la creencia del origen único de todos los seres vivientes, incluido el propio hombre. Se empezó a aceptar que la complejidad y el aparente diseño de todo lo vivo se debía sólo a las leyes de la evolución que actuaron al azar sobre la materia simple y desordenada.

La segunda revolución vino provocada por el descubrimiento del ADN como molécula poseedora de la información genética de los organismos.

Y la tercera, que en mi opinión se opone a la primera, es la revolución que supone el descubrimiento de la universalidad del diseño genético de los animales.

Hoy se ha hecho evidente que todos los habitantes de este planeta presentan un plan original escrito en sus genes, minuciosamente concebido para que sean como son y puedan sobrevivir en el medio que lo hacen o adaptarse a otro, si es que las condiciones lo requieren. Frente al azar propuesto por la primera revolución, se alza el diseño que viene de la mano de la tercera.

¿Es dogmático el Diseño Inteligente?

Antonio Cruz, Doctor en Biología

El dogma, por definición, es la afirmación que se considera verdadera y que, por lo tanto, no puede ser negada ni puesta en duda por sus adeptos.

Dogmas hay no sólo en las religiones sino también en casi todas las ideologías sociales, sistemas de pensamiento o incluso en el seno de la propia ciencia, como han reconocido tantos filósofos de la misma. Puede hablarse así, desde los dogmas del marxismo hasta los dogmas, fundamentos o puntos principales de una determinada ciencia.

Frente al creciente debate entre evolucionismo y Diseño Inteligente (movimiento que tiende a confundirse erróneamente con el creacionismo norteamericano de la década de los sesenta) suele plantearse la cuestión, con relativa frecuencia, en términos confusos, cuando no claramente equivocados y tendenciosos.

¿Juega Dios a los dados?

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Una de las frases famosas de Einstein dice que, por lo que respecta a la creación del mundo, Dios no juega a los dados. Aunque se refería al elemento aleatorio e impredecible de las leyes de la mecánica cuántica, lo cierto es que el padre de la teoría de la relatividad manifestó siempre su convicción de que existe una mente responsable de la evidente armonía matemática que muestra el universo.

El motor de los acontecimientos del cosmos no es el azar, la casualidad o la autoorganización espontánea, como afirma el naturalismo, sino el diseño realizado por el organizador general. En su apreciación del orden cósmico y de la estética que poseen las leyes naturales, Einstein manifestó además:

Yo deseo saber cómo creó Dios el mundo, no estoy interesado en éste o aquél fenómeno ni en el espectro de un determinado elemento químico. Lo que quiero conocer es Su pensamiento; lo demás es puro detalle.

Michael J. Behe y el Diseño Inteligente

Antonio Cruz, Doctor en Biología

El bioquímico norteamericano, Michael J. Behe, -profesor en la Universidad Lehigh de Pensilvania- publicó un libro en 1996 titulado, La caja negra de Darwin, (que fue traducido al español tres años después por la editorial Andrés Bello).

En esta obra desarrolla el argumento de los llamados órganos o sistemas irreduciblemente complejos. Behe denomina así a determinadas estructuras y funciones fisiológicas de los seres vivos que suelen estar compuestas por varias piezas o etapas que interactúan entre sí, dependiendo unas de otras y contribuyendo entre todas a realizar una determinada función básica.

Si se elimina una sola de tales piezas o etapas, el sistema deja automáticamente de funcionar.  El autor argumenta que un sistema así no se puede haber producido por evolución de lo simple a lo complejo, como propone el Darwinismo, porque cualquier precursor que careciera de una parte concreta sería del todo ineficaz. Por tanto, tales órganos o sistemas biológicos habrían tenido que originarse necesariamente como unidades integradas para poder funcionar de manera correcta desde el principio.

Colores y Patrones

Jonathan Sarfati, Doctor en Química

 En ocasiones observamos en la naturaleza colores que son particularmente deslumbrantes, y que proporcionan a los diseñadores humanos ideas ingeniosas para mejorar los colores artificiales.

Algunos de los colores más brillantes no se producen mediante pigmentación, sino que son colores estructurales, es decir, derivados de la estructura del material.

Ciertos colores son producidos por sólidos fotónicos que manipulan la luz gracias a la sofisticada estructura del material. Estos mecanismos fotónicos consiguen también producir tonos intensamente blancos y tonos negros muy oscuros. Los patrones de la naturaleza también están relacionados con diseños basados en conceptos matemáticos complejos.

Los tonos azules iridiscentes de las mariposas y de las aves son un tipo de color estructural. No son causados por ningún pigmento especial sino por una rejilla de difracción natural. Los diseñadores humanos han imitado este diseño consiguiendo así colores más brillantes y más profundos sin necesidad de productos químicos.

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